Ahorros en gastos comunes pueden llegar al 50% en edificios sustentables Leed

Actualmente hay nueve proyectos residenciales que cuentan con esta certificación, mientras que cinco están en proceso de evaluación. A pesar de asegurar una alta eficiencia en el uso del agua y de la energía, la penetración de este estándar ha sido más bien lenta e incluso hay inmobiliarias que no piensan volver a hacer el trámite. María de los Ángeles Pattillo.
En la actualidad es común encontrar proyectos inmobiliarios alineados con el medio ambiente. Cada vez hay más edificios que incluyen bicicleteros o paneles solares entre su equipamiento comunitario, con la idea de potenciar su lado más “verde”. En esa línea, algunos incluso han apostado por la certificación Leed, que hace una serie mediciones para comprobar el nivel de sustentabilidad de la obra, desde la elección del terreno y el proceso constructivo hasta el posterior uso de los recintos.
Para lograr un sello Leed todos los atributos que dan sustentabilidad a un proyecto suman puntos, como el uso de cerámica reciclada, ubicarse cerca de alternativas de transporte público que fomenten dejar el auto estacionado, o diseñar jardines para un bajo nivel de riego, por ejemplo.
A nivel nacional hay nueve desarrollos residenciales Leed y siete de ellos están en el sector oriente de la capital, según Chile Green Building Council (GBC). Además, hay cinco registrados y en proceso de evaluación, de los cuales cuatro están en las comunas de Las Condes, Vitacura y Ñuñoa. “Los proyectos se concentran en estas zonas por el perfil del usuario, porque se accede a un público más informado respecto de los beneficios que puede tener este nivel de sustentabilidad”, señala María Fernanda Aguirre, gerente técnico de Chile GBC.
Según estimaciones de Nai Sarrà, el ahorro en los gastos comunes se sitúa entre 30% y 50% en este tipo de edificaciones, respecto de una normal. Eso sí, el director general de la firma, Jaime Sarrà, aclara que el número varía mucho entre un edificio y otro: “Hay ciertas partidas que son propias de cada usuario y otras que dependen de la administración, como el plan de mantenimiento y el nivel de seguridad”.
En todo caso, como prerrequisito para registrarse en el proceso Leed las construcciones deben tener un aprovechamiento de la energía un 10% superior al estándar base norteamericano. “Esto hace que los proyectos tengan por lejos un mejor desempeño que un edificio tradicional en Chile”, aclara Aguirre. En Paz, por ejemplo, tienen una torre con sello Leed Gold que ahorra un 23% de energía respecto de la media nacional y que tiene un 33% de menor consumo de agua, cifra que sube a 78% en el ítem riego, según cifras de la propia compañía.
Costo de construcción entre 5% y 12% más alto
Un estudio de AGS Visión Inmobiliaria muestra que los departamentos registrados o con certificación Leed pueden llegar a ser hasta 8% más caros que el promedio de la oferta nueva de una misma zona, como ocurre en las cercanías de Ossa con Tobalaba; mientras que en la avenida Las Condes, tanto a la altura de Las Tranqueras como de San Damián, los Leed presentan un menor precio. “Estos últimos tienen una data más antigua, por lo que se entiende que tengan valores de venta inferiores que las alternativas nuevas”, explica Esteban González, socio y director de la consultora inmobiliaria.
En Molina Morel, por ejemplo, en uno de sus edificios tardaron todo un año desde que se hizo la entrega hasta que finalmente lograron el sello. “Se hacen revisiones durante la obra, pero también cuando ya hay gente viviendo para constatar que lo que se dijo que se iba a ser, finalmente fue efectivo”, explica José Molina, gerente general de la inmobiliaria, que obtuvo la primera nominación Leed Gold en Sudamérica en 2013.
Según estimaciones de mercado, el costo de construcción es entre un 5% y 12% más caro respecto de un proyecto normal. Hay firmas donde indican que el costo adicional es más bien marginal, como es el caso de Molina Morel y Moller y Pérez Cotapos (MPC). “El mayor desgaste es más bien administrativo. Nuestra construcción ya incorporaba en su esencia el tema de la eficiencia”, destaca Marcos Retamal, gerente general de MPC, que está certificando su proyecto Parque San Damián y las siete torres que incluye.
De todas formas, los materiales de construcción son cada vez más asequibles y existen mayores alternativas. “En los últimos cuatro años, el mercado ha crecido mucho. Cuando comenzamos todo estaba en pañales, pero hoy los proveedores tienen áreas específicas con productos que otorgan puntuación Leed, desde grifería y sanitarios hasta cerámica reciclada”, destaca Marcos Camsen, gerente técnico inmobiliario de Paz. La firma fue la primera en Chile en registrar un proyecto Leed y la segunda en lograr la certificación.
Inmobiliarias indecisas ante futuro del sello
En términos de velocidades de venta, en tres de los cuatro sectores donde se concentran los proyectos Leed se ve que estos tienen mejor rendimiento que el promedio del sector. Solo en Las Condes a la altura de San Damián cae el indicador: se adquieren 2,15 unidades mensuales Leed y el promedio del barrio es de 2,27 unidades, según datos de Colliers International Chile. Mientras, en la misma avenida pero con Las Tranqueras, la cifra sube de 3,54 a 4,18 viviendas transadas al mes al incorporar el sello (ver infografía).
Para Aguirre, la sustentabilidad genera una mayor velocidad de venta. Sin embargo, Felipe Parra, subgerente de estudios de la Colliers, no cree que este factor sea determinante: “Al largo plazo, cuando el edificio está funcionando, pudiera generar gastos comunes más bajos, pero cuando se está vendiendo en verde o blanco, este elemento no necesariamente explica una venta más rápida, sino que simplemente el producto en su conjunto es bueno”.
Según la experiencia de Dadelco en Temuco, el público aún no valora este tipo de diferenciaciones. “Hoy la gente no entiende lo que es el valor en el tiempo. La inversión inicial es mayor, porque la tecnología para sacar un edificio con certificación es más alta, pero finalmente eso se traduce en un costo operacional más económico para el usuario final. Las personas no ven cuánto ahorrarán en el largo plazo, sino cuánto les cuesta ahora”, explica Fernando Daettwiler, gerente general de la empresa, quien descarta volver a pasar por este proceso en un nuevo proyecto habitacional.
En la capital, el escenario es parecido, estima José Molina, por lo que su empresa tampoco seguirá postulando al Leed. En ambos casos, los ejecutivos señalan que mantendrán el mismo estándar, pero sin buscar un sello que lo acredite. “Es una moda, parecido a lo que fueron en su momento las ISO. El interés por la sustentabilidad se va a mantener, pero no creo que pase lo mismo con la certificación”, señala un ejecutivo de la industria.
No todos piensan igual. En Paz y MPC están abiertos a seguir postulando a este reconocimiento en futuros proyectos. Retamal cree que la fórmula tiene buenas proyecciones: “Las estrategias de sustentabilidad Leed serán cada vez más aplicables y necesarias. Cada día existen más profesionales con la experiencia requerida, haciendo que la incorporación de la sustentabilidad a los proyectos sea más asequible”, concluye.
Los departamentos registrados o con certificación Leed pueden llegar a ser hasta 8% más caros que el promedio de la oferta nueva, según un estudio de AGS Visión Inmobiliaria.
Mercado de oficinas es más maduro y hay más de 100 proyectos certificados
En las oficinas, el mercado Leed está mucho más desarrollado. Entre 2009 y 2015 se registraron más de 240 proyectos, de los cuales cerca de 110 ya han logrado obtener un sello, según la información que maneja CBRE. “Actualmente está considerado en la mayoría de los edificios de oficinas nuevos de clase A que ingresarán a la oferta”, destaca Verónica Melys, gerenta de investigación de la consultora. Según explica la ejecutiva, muchas compañías internacionales exigen en sus oficinas este estándar, por lo que es un requisito clave para lograr buenos contratos de arrendamiento.
Marcos Camsen, gerente técnico de Paz, cree que la certificación tiene mejor posicionamiento en las oficinas, porque su mantenimiento en el tiempo es más fácil que en el mercado residencial. “En los edificios Leed no se puede fumar en espacios comunes, por ejemplo. En el caso de una vivienda, al primer comprador se le explica el concepto y lo encuentra fantástico, pero el siguiente dueño ya no tiene tanto interés en mantenerlo. Eso es distinto en las oficinas”, dice.
Fuente: ElMercurio.com

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