¿Por qué cuando suben los alimentos se vuelven más caros los arriendos?

Cada vez que se da a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de un mes determinado, todas las miradas se vuelven hacia los alimentos, debido a la importancia que tienen en el gasto de las familias chilenas. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), este ítem es el que tiene más peso en la medición del IPC, con un 19,05%, es decir, casi un quinto del indicador.

Por esta razón, cada vez que se dispara, por ejemplo, el precio de los tomates, las paltas o los limones, como ocurrió ahora en febrero (ver recuadro), el IPC sube y termina impulsando a la Unidad de Fomento (UF), en lo cual están expresados los arriendos, créditos hipotecarios y seguros, entre otros.

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“Aquí es donde se ven los efectos de segunda vuelta, por que cuando sube el IPC, suben los contratos o las remuneraciones, por que subieron por ejemplo los tomates. Ahora, en general lo que se ve es que el fenómeno no es particular de los tomates, sino del impacto que genera la canasta de los alimentos en general”, explica la economista de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), María del Pilar Cruz.

De hecho, entre las doce divisiones que componen el IPC, alimentos es la más importante. Por lo mismo, el socio de Gemines, Alejandro Fernández, explica que “lo que pase con ese ítem es muy significativo. Si se mira en los últimos años, los alimentos han tendido a subir bastante mas que el IPC total”.

No obstante, el experto aclara que gracias a que la inflación se mantiene controlada -ya no es de 30%como a comienzos de los 90-, el impacto que se produce con la UF, o “efecto de segunda vuelta” es menos relevante que en años atrás.

El IPC de los más pobres

“Las familias gastan mucho en alimentos y en el caso de los quintiles más bajos. El presupuesto que se destina a este ítem es mayor”, explica el economista de Libertad y Desarrollo, Francisco Klapp. Agrega que los quintiles de menores ingresos destinan el 32% de su gasto total al ítem alimentos, mientras que los quintiles más acomodados, sólo un 12%.

Y esto no sólo se da en el caso de las familias, sino que también cuando se analiza por países.

“Si se mira lo que ha pasado con los alimentos en los últimos veinte años, éstos han ido perdiendo ponderación por que mientras mayor es el ingreso del país, van perdiendo peso con el gasto. Cuando se tiene más presupuesto, no se cuadriplica la ingesta sino que se destinan recursos a otros ítems”, explica Cruz.

De hecho, en 1977 las familias chilenas destinaban el 41,9% de sus ingresos al ítem alimentos y bebidas no alcohólicas y hoy esa cifra es menos d ella mitad. “La ponderación viene progresivamente en descenso, pero sigue siendo muy relevante. Es un quinto de la canasta”, agrega el economista.

Fuente: La Segunda

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