Hablar de dinero en familia: ¿buena o mala idea?

Es fundamental encontrar los puntos de coincidencia para basarnos en las fortalezas e iniciar sobre ese cimiento las conversaciones
Esconder la basura bajo la alfombra no nos libra del polvo y sus consecuencias nocivas. Si lo hacemos, a largo plazo tendremos un doble trabajo pues habrá que barrer, recoger y asumir las complicaciones que esto puede ocasionar. Parecería que éste simple ejemplo es el que algunas personas utilizan en las discusiones familiares, pero ocultar la cabeza bajo tierra como el avestruz no hace que los problemas desaparezcan, al contrario los alimenta para que crezcan cada día más.

Nueva dimensión

A veces nos es más sencillo conversar con extraños que con nuestras parejas, en ocasiones parecería que hasta tuviéramos miedo de poner algunos temas sobre la mesa, para poder discutirlos y resolver cuestiones que se sobredimensionan justamente porque no las enfrentamos en su origen. Quizás te sorprenderías al saber que en contactos diarios con personas que me presentan sus estados de cuentas familiares, percibo que el origen del problema comúnmente se concentra en la falta de diálogo y comunicación asertiva con sus parejas.
El viejo refrán de “cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale la ventana” quizás sea más certero por la ausencia de conversación honesta sobre la situación que por la avaricia que la frase pretende señalar. Los problemas de falta de dinero nos perjudican en el humor, nos afectan en la salud y terminan repercutiendo en nuestras relaciones afectivas. Y es que hablar de dinero es un tema incómodo para muchas parejas, de hecho en la mayoría de las familias latinoamericanas representa un tabú tan significativo o incluso mayor que dialogar sobre sexo. En ocasiones, iniciamos una conversación con las mejores intenciones, pero es común terminar en una discusión o en que una de las partes se sienta incómoda.
Como en cualquier problema que se pretende resolver de común acuerdo entre dos o más personas, es fundamental encontrar los puntos de coincidencia para basarnos en las fortalezas e iniciar sobre ese cimiento las conversaciones. Por ejemplo, si los gastos que se originan en las salidas de los fines de semana son motivos de discusiones o roces permanentes, los clasificaremos como “puntos de división”, pero si encontramos que los costos de educación de los hijos es un tema en común, en el que ambos están de acuerdo, los clasificaremos como “puntos de unión”.
Entonces, la primera tarea, antes de plantear una conversación sobre dinero con tu pareja, sería hacer una lista de los puntos de división y de unión que identificas. Una vez que tengas esa clasificación definida, realiza un listado de temas a tratar, no te preocupes por el orden o prioridad, sólo anota todos los temas que te gustaría discutir, ejemplos de estos ítems pueden ser: ahorro para las vacaciones, cambio del juego de comedor, el festejo de cumpleaños de los hijos, la jubilación, cuentas de las tarjetas de crédito, compra de un auto nuevo, etc. Al terminar el registro, empieza a numerar los temas por orden de prioridad, siendo uno el punto que más te preocupa y así sucesivamente.
Si vas a adquirir una deuda con tu pareja, es importante que no hagas compras a escondidas, ocultes tus ingresos o situación económica, estas son acciones que te llevan a ser infiel financieramente y poner en riesgo la estabilidad financiera de la familia.
Será importante trabajar en listado de los ingresos y egresos identificados del mes, mejor incluso si los clasificas en fijos, variables y superfluos. A efectos de ésta planilla, denominada presupuesto familiar, y a costa de que los contadores me digan que mi clasificación no es políticamente correcta, me atrevo a darte un consejo práctico, te sugiero asumir como costo fijo todo aquel que cumpla dos condiciones: se trata de un compromiso asumido (pueden demandarte si no pagas) y conoces el importe fijo mensual, por ejemplo el alquiler, cuotas de deudas, colegio de los chicos, TV cable, Internet, seguro médico, etc.
Los gastos variables son aquellos que necesitas realizar, pero para los cuales no tenes un importe pre determinado y aunque se trata de productos o servicios que necesitas, podrías decidir no adquirirlos o cancelar el contrato sin que el compromiso futuro deba ser realizado inevitablemente, en otras palabras, no te pueden exigir que tengas, por ejemplo, los servicios de electricidad, agua y teléfono y tampoco pueden obligarte a que compres un determinado monto de productos de la farmacia, del supermercado o de la estación de servicio.
Luego, estarán los gastos superfluos, que son aquellos que sólo valora la persona que los realiza mientras que los demás no logran apreciarlos totalmente, éstos son los típicos gastos por los cuales discutimos en pareja: peluquería, paseos, salidas, bebidas, festejos de cumpleaños, compra de ropas, futbol con los amigos y otros más. Todos tenemos gastos superfluos, incluso los niños, por eso será importante identificarlos y ponerles un monto tope mensual que podríamos destinar para éstos costos.

Ahora, ¡conversemos!

Recuerda que debes atacar los problemas, nunca a la persona y, sobre todo, que ella es importante afectivamente para vos, entonces debes cuidar la relación de largo plazo por encima de los nervios del momento y de quien tiene o no la razón. En una pareja cuando uno gana el otro pierde, entonces, irremediablemente la pareja pierde y en ese caso debes analizar, ¿de qué te sirvió “ganar” la discusión? Es distinto convencer que conversar. Si convences es porque venciste y el otro perdió, por lo tanto buscará la revancha. En cambio, el conversar significa que estoy dispuesto a encontrar contigo una nueva versión.
Las personas tomamos decisiones correctas o equivocadas, eso no nos hace ni mejores ni peores, simplemente debemos aprender a señalar en el momento oportuno las cosas que nos incomodan sin herir el sentimiento de los demás, a esto se le denomina asertividad, saber decir “si” y saber decir “no” son parte estratégica de una buena relación. Podrías decir, me preocupan los gastos que estamos teniendo mensualmente en ropa para los chicos; en lugar de expresar en tono iracundo: ¿Vos crees que el dinero sale de la canilla por eso gastas tanto en ropa para los niños?
Una buena forma de crear el ambiente adecuado para dialogar y evitar confrontaciones será elegir el espacio y el momento ideal antes de la conversación. Tienen que estar solos y saber que no serán interrumpidos, sería recomendable hacerlo alrededor de una mesa donde puedan sentarse cómodamente, así como avisar con tiempo a la otra persona que te gustaría conversar con él/ella tranquilamente, de manera que cuando llegue el momento no estará apurado o angustiado por otra tarea.
No asumas que tus hijos no pueden manejar una conversación sobre el dinero a una edad temprana.
Es bueno enfocarse en algo positivo para iniciar la conversación, podrías preguntarle por ejemplo cual es su sueño para cuando se jubilen, o cómo le gustaría vivir dentro de 10 años; la meta es pensar sobre dinero positivamente y como dicha herramienta podría ayudarles a llegar donde planean. Así, el ahorro no será visualizado como sacrificio, sino como una herramienta para el disfrute, crecimiento y fortalecimiento familiar.
Muéstrale el detalle de los ingresos y egresos que pudiste identificar como fijos o estimados de cada mes, señala el saldo (positivo o negativo) y coméntale como te sientes al respecto. Luego, señala los egresos que consideras importantes para ustedes (los puntos de unión) y pregúntale su parecer sobre como juntos pueden enfrentar los otros egresos (los puntos de división).
Por la paz sustentable del hogar: concéntrate. En ésta primera conversación tu objetivo debe ser iniciar un diálogo sincero y positivo sobre el dinero, elige tus palabras para que esto quede claro. Al fin y al cabo, la vida financiera familiar debe ser diseñada entre los dos. Sigamos Hablando de Dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.
Fuente: Terra

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